La última entrega de la saga hizo de lo simple su mejor receta, como también lo hizo ‘F1: La película’ y, por qué no, ‘Top Gun: Maverick’.
Desde niño, siempre he sido amante de la fantasía, lo cual, sin ningún sentido aparente, me encaminó en una cruzada contra la ciencia ficción. Me tomó muchos años desprenderme de ese sesgo auto impuesto, de que las historias con castillos y caballeros eran mejores que las de naves e imperios galácticos, y todavía otros más para preferirlas abiertamente.
Es cierto que el mercado se saturó de fantasía medieval, como siempre lo hace después de un gran éxito como lo fue la adaptación de HBO de ‘Juego de Tronos’ (prohibido hablar de la última temporada), al igual que lo hizo con los zombis, los superhéroes y los vampiros. También, que las grandes productoras, como Amazon -específicamente Amazon por lo que le ha hecho al legado de ‘El señor de los Anillos’- han priorizado la inversión en vestuarios, efectos especiales y todo tipo de perendengues antes que contar buenas historias, de calidad, quizás con la idea de que espectáculo y emociones fáciles equivalen a conectar con un mayor número de audiencias.
Yo era de los que creía que el cine taquillero era solo eso: una transacción puramente descerebrada, en búsqueda de picos de adrenalina. Pero este año me di cuenta que no. Como todo en la vida, hay cosas buenas y malas. Y el cine taquillero malo es -efectivamente- muy malo, pero el bueno, el hecho con el objetivo de ser buen cine, es de lo más estimulante para una industria que atraviesa una crisis tremenda, enfrentada en varios frentes al uso de inteligencia artificial, a la caída dramática en la venta de boletería y a la saturación de contenidos que ha traído consigo el auge del streaming y de plataformas como Netflix y Prime Video.
Según un informe del Ministerio de Cultura, en 2024 se estrenaron 317 películas extranjeras en el país, la segunda cifra más alta en quince años después de 2018, que fueron 319, antes de la pandemia. Y hablando de covid, lo que llama la atención es que los números nunca volvieron a ser los mismos. El año pasado, 49,63 millones de personas fueron a cine en Colombia, un 7,9% menos que en 2023, y ni hablemos de la diferencia con 2019, cuando 73,11 millones copiaron al plan de ir a ver pelis.
Justamente, y para sorpresa de nadie, las películas más vistas el año pasado en Colombia fueron ‘Inside Out 2’, ‘Deadpool y Wolverine’, ‘Despicable Me 4’, ‘Moana 2’ y ‘Kung Fu Panda 4’.
Si les confieso, no fui a ver ninguna, pero este año, en pleno proceso de escritura de mi libro (pauta publicitaria no pagada), he sido un consumidor más asiduo de películas taquilleras y, debo confesarles, que me han encantado dos en particular: ‘F1: La película’ y ‘Depredador: Badlands’.
“El cine es arte e industria, es una dualidad que siempre ha tenido”, reconoce Álvaro Serje, realizador audiovisual y docente universitario. “La industria hace parte de de los sistemas de producción y es normal que que sigan existiendo películas que quieren apelar solamente a esa a esa área. Yo no satanizo al cine taquillero. No me parece que sea algo que esté necesariamente mal, porque también dentro de ese cine taquillero pueden entrar buenas películas y gente que hace cosas interesantes”.
“Mi rollo es que no debería ser solo ese tipo de cine. No creo que debamos resignarnos a que solo puede existir una manera de hacerlo, y que esa manera es el blockbuster hollywoodense”, aclaró Serje.
En mi tesis de maestría reconocí algo que me cambió la vida. Me lo explicó mi profe de Novela Policiaca, el también escritor e investigador Manuel Broullón: “yo no les pido que inventen una nueva receta de la tortilla de patatas; yo les pido que la hagan bien”. ¿No es acaso magnífico? Desprenderse de las ínfulas de originalidad y superioridad por contar historias enrevesadas y difusas y zambullirse más bien en la tranquilidad de hacer las cosas bien. Así como lo hace el buen cine taquillero, como lo hace ‘Depredador: Badlands’.
“…cuando piensas en las grandes películas que nos encantan de cualquier género, es cuando estas se centran mucho más en los personajes y la historia que en escenas de acción individuales, la trama o cualquier otra cosa”, contó el director de la película, Dan Trachtenberg, a Infobae.
Fui a verla a cine, el domingo; la forma más tradicional posible. Fui sin expectativas, plenamente consciente de la transacción. Yo pago una boleta por dos horas de emociones. Sencillo. Nada del otro mundo. Estaba muy equivocado. Qué buena película. Tan buena, que me motivó a escribir este post.
Y lo hago por una razón muy simple: recordarme que las buenas historias no necesitan ser originales.
Aunque, no hay que olvidar que la industria del cine pareciera estar en una crisis, pues siempre se terminan contando las mismas historias con los mismos arquetipos de personajes.
“Estamos repitiendo constantemente las mismas fórmulas. Creo que Hollywood está en una crisis de creatividad y está repitiendo la misma película muchas veces y está apelando solo a marcas conocidas y a lo que ya sabe que funciona. Yo creo que el sistema también se satura cada cierto tiempo y luego se resetea. Lo mejor es una historia original y bien contada; tener un cine auténtico donde haya autores que se puedan expresar y que puedan producir películas valiosas, pertinentes”, dijo Serje.
Desde la primera escena, ‘Depredador: Badlands’ te avisa en letras gigantes lo que va a pasar. El pequeño protagonista va a derrotar al monstruo más grande de la galaxia. Luego, te muestran al resto del elenco, y la película también te avisa que van a ser sus mejores amigos. Toda la trama expuesta en cuestión de minutos, al igual que en ‘F1: La Película’. La audiencia sabe que el personaje de Brad Pitt va a ganar una carrera; que va a ser feliz. Nos fascina, nos vuelve locos.
“Para producir una película taquillera hay que tener estrellas, una buena historia, una marca reconocida —y por marca me refiero a un personaje como Iron Man o Spiderman, o a un cómic como DC o Marvel— y también un espectáculo visual. Creo que eso es lo que hace que una película se vuelva taquillera hoy en día. Ahora, no todas funcionan. Hemos tenido muchos fracasos de películas que se supone que tenían esa receta. Al final es eso, y siempre va a haber un factor X, desconocido, que hace que una película funcione o no. Podría ser una buena historia, pero más que la historia, siempre hay algo que hace que la película haga clic o no con la gente. Y eso es muy difícil de predecir”, concluyó Serje.
Lo que molesta del cine taquillero no es que sea previsible, es que no cuente las historias bien. No hay que inventar la tortilla de patatas, ni tampoco revolucionar los guiones. Y cuando llegan películas que sí lo hacen, que se toman el trabajo de amar las historias, sucede la magia. Sonny Hayes ganando en Yas Marina, Maverick destruyendo los MIG rusos y el Depredador cazando a la bestia más grande de todas.

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